Qué es la artrosis
La artrosis, u osteoartrosis, es un proceso que implica a la articulación en su conjunto. El cartílago pierde grosor y regularidad, el hueso subyacente se remodela y puede formar osteofitos, la membrana sinovial se inflama de forma intermitente y la musculatura periarticular tiende a perder fuerza. La vieja definición de enfermedad por desgaste ha quedado atrás: hoy se describe como un proceso activo de toda la articulación, no como un simple envejecimiento pasivo.
Gonartrosis: la artrosis de rodilla
Cuando la artrosis se localiza en la rodilla se habla de gonartrosis. Puede afectar al compartimento interno, al externo o a la articulación entre la rótula y el fémur, y a menudo predomina en uno de ellos. Esa distribución influye en los síntomas: la afectación femororrotuliana molesta sobre todo al bajar escaleras o al levantarse de una silla, mientras que la del compartimento interno se nota más al caminar por terreno irregular.
Síntomas característicos
- Dolor ligado a la actividad, que en las fases iniciales mejora con el reposo.
- Rigidez tras periodos de inactividad, normalmente breve por la mañana.
- Crepitación o sensación de roce al mover la articulación.
- Pérdida progresiva de la amplitud de movimiento.
- Episodios de hinchazón, sobre todo después de esfuerzos inhabituales.
- Sensación de inestabilidad o de rodilla poco fiable al bajar escaleras.
Un aspecto importante: la intensidad de los síntomas y los hallazgos de las pruebas de imagen no coinciden siempre. Hay radiografías con signos marcados en personas sin dolor, y la situación inversa. Por eso las guías recomiendan orientar las decisiones según los síntomas y la función, no según la imagen.
Factores de riesgo
Las guías describen varios factores asociados, unos modificables y otros no. Entre los no modificables figuran la edad, el sexo —la artrosis de rodilla es más frecuente en mujeres a partir de la menopausia—, la predisposición familiar y las alteraciones del eje de la pierna. Entre los modificables destacan el exceso de peso, la debilidad muscular, la inactividad, las sobrecargas laborales repetidas y las secuelas de lesiones previas, como una rotura meniscal o del ligamento cruzado.
El peso corporal merece una mención aparte porque su efecto es doble: mecánico, por la carga que atraviesa la rodilla a cada paso, y metabólico, por su relación con procesos inflamatorios de bajo grado. Es uno de los pocos factores en los que una intervención incluso modesta produce cambios apreciables en los síntomas.
Cómo se llega al diagnóstico
El punto de partida es la entrevista clínica: desde cuándo duele, en qué momentos, qué actividades lo desencadenan, cuánto dura la rigidez. Sigue la exploración, que valora la amplitud de movimiento, la estabilidad, el derrame, la fuerza y la alineación. La radiografía puede apoyar el diagnóstico y descartar otras causas, aunque en muchos casos las guías consideran que no es indispensable para iniciar el tratamiento conservador. La resonancia se reserva a dudas concretas, no como prueba de rutina.
Parte del proceso consiste en descartar otras causas de dolor de rodilla: artritis inflamatoria, gota, tendinopatías, lesiones meniscales agudas o dolor referido desde la cadera o la columna lumbar.
Qué figura en primera línea
Con una convergencia notable entre las guías, las tres medidas de base son el ejercicio terapéutico, la información de la persona sobre su cuadro y, si hay exceso de peso, su reducción. No son medidas complementarias: son el tratamiento principal, y su efecto sobre el dolor y la función es comparable al de otras opciones con más efectos no deseados.
El ejercicio adecuado combina fuerza de la musculatura de muslo y cadera, actividad aeróbica de bajo impacto y trabajo de movilidad. Lo desarrollamos en la sección ejercicios. Un punto que a menudo sorprende: el dolor durante la artrosis no indica que el ejercicio esté dañando la articulación, y las molestias leves que se resuelven en un día se consideran aceptables.
Medidas complementarias
Alrededor de esa base existen medidas de apoyo: aplicación local de calor o frío, calzado bien amortiguado, bastón o muletas cuando la carga resulta limitante, ortesis y rodilleras, y los tratamientos farmacológicos que el médico considere adecuados. Respecto a las ortesis, las guías las describen como opción de apoyo en pacientes seleccionados, con un papel secundario respecto al ejercicio. Analizamos las categorías disponibles en Rodilleras y ponemos tres modelos frente a frente en la página Comparativa.
Manga de compresión para gonartrosis leve o moderada
Punto de compresión con almohadilla viscoelástica alrededor de la rótula, sin cintas. Muchas personas describen una mejor percepción de estabilidad al caminar y un alivio del dolor durante la actividad. Como referencia concreta de esta categoría enlazamos el modelo Bauerfeind GenuTrain disponible en Amazon.es. La talla se determina midiendo el contorno de la pierna y la indicación debe confirmarla el personal sanitario.
Enlace a una tienda externa, a título de ejemplo de la categoría. La talla y la indicación deben confirmarse con un profesional.
Si prefiere una rodillera con estabilizadores laterales o una malla más ventilada, en la página de comparativa encontrará Thx4COPPER y Lusenone junto a este modelo, con sus respectivos límites.
Cómo evoluciona
La artrosis no sigue un curso uniforme ni progresa de forma inevitable. Es habitual que alterne periodos de calma con reagudizaciones dolorosas y que la situación se mantenga estable durante años. Muchas personas conviven con una gonartrosis moderada sin que la vida diaria resulte limitada de forma significativa, sobre todo cuando mantienen una actividad física regular.
Cuándo acudir al médico
- Dolor que no cede en varias semanas o que aparece de noche en reposo.
- Hinchazón importante de inicio brusco, con calor o enrojecimiento.
- Bloqueo de la articulación o imposibilidad de extender la rodilla.
- Fallos repetidos al cargar el peso, con o sin caídas.
- Rigidez matutina de más de media hora o afectación simultánea de varias articulaciones, que orienta hacia una causa inflamatoria.
- Fiebre junto al dolor articular, que requiere una valoración urgente. En España el número de emergencias es el 112.
En resumen
La gonartrosis afecta a toda la articulación y evoluciona de forma variable. Los síntomas y la función guían las decisiones mejor que las imágenes. El ejercicio terapéutico, la información y el control del peso constituyen la base del enfoque, mientras que las ortesis, el calzado y los fármacos actúan como apoyo dentro de un plan individual.
¿La artrosis acaba siempre en una prótesis?
No. La cirugía de sustitución articular se plantea en los casos con dolor intenso y limitación importante que no responden a las medidas conservadoras. Muchas personas no llegan nunca a ese punto.
¿Debo dejar de caminar si me duele la rodilla?
Por norma, no. Las guías recomiendan mantener la actividad modulando la intensidad. El reposo prolongado debilita la musculatura y priva al cartílago de su vía de nutrición. Antes de abandonar la actividad, pruebe a adaptar la distancia y el terreno.
¿El frío húmedo empeora la artrosis?
Muchas personas relacionan sus molestias con el clima, aunque los estudios no han demostrado un efecto coherente sobre la progresión. Que el clima influya en la percepción del dolor no implica que dañe la articulación.
¿Correr desgasta las rodillas?
En personas sanas, la carrera amateur no se ha asociado a un mayor riesgo de artrosis de rodilla; algunos trabajos apuntan incluso lo contrario. Si la artrosis ya está establecida, la decisión depende de los síntomas y conviene comentarla con el médico.